El autocontrol nos separa de nuestros ancestros ancestrales y del resto del reino animal, gracias a nuestra gran corteza prefrontal. Es la capacidad de someter nuestros impulsos para lograr objetivos a más largo plazo. En lugar de responder a los impulsos inmediatos, podemos planificar, evaluar acciones alternativas y, con frecuencia, evitar hacer cosas que luego lamentaremos.